En este mundo repleto de superficialidades, cuesta llegar al fondo de las cosas. Caretas, moralinas, expectativas, despotismos, debilidades, deseos incumplidos. ¡Cómo cuesta alcanzar el fondo!
Es fácil quedarse afuera. Parado allí en ese pedestal que hace de uno trofeo de exhibición. No se está solo, sino con el resto de los trofeos. Maqueta diseñada para dibujar un orden superfluo.
Son como fichas de ajedrez en el tablero cuadriculado. Como borlas que decoran el arbolito. Como los engranajes del reloj que dan la hora exacta para no llegar tarde y así no violar la regla estipulada del correcto asistente.
Llegar al fondo es adentrarse al misterio, a lo desconocido. Es el pasaje interminable de lo oscuro. Es movilizarse en la incertidumbre de una respuesta que no se responde antes de comenzar a caminar. La respuesta no llega, no adviene; se alcanza, se descubre.
Cuando uno se adentra al fondo, no hay vuelta atrás. Sí, es posible volver. Pero cuando uno descubre el fondo, el regreso no es más que la negación frustrante a lo descubierto. Es negarse a uno mismo en tanto más de uno; negarse a la pluralidad de la posibilidad del ser. ¿Por qué? Porque cuando llegamos al fondo, no nos quedamos sólo con lo que encontramos sino con ese nuevo uno atrevido, valiente, quien arriesgó los pasos, uno a uno, al sacrificio de la incertidumbre.
Llegar al fondo es llegar al corazón, pero no “de las cosas”. El corazón es el epicentro de la trascendencia, del siempre más. De la posibilidad de ser en el encuentro con un otro, con una otra, un nuevo ser pulido por la caricia. Fondo es llegar al corazón, a lo profundo. En otras palabras, al amor. Por algo se dice que no hay nada más débil e inestable que el corazón. ¿Será, entonces, que debemos quedarnos quietos para no lastimarlo? Así lo asesinamos. Así no vamos al fondo. No es más que el suicidio por temer la vida.
Fondos de universos paralelos inacabables, pero no inalcanzables. Fondos que atraviesan, perforan, que descubren otros fondos. Sensación de placer por lo inagotable, por la búsqueda constante del florecimiento de los sentidos, que van más allá de las voces más fuertes, de los golpes más aquietantes, de los escasos colores que pintan nuestra pálida realidad.
Fondos
Por
Nicolas Panotto
5.6.11


1 comentarios:
:)O
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