Porque el Libro de Job no es solamente una provocación contra la seducción de la razón, sino también el descubrimiento fenomenológico y la declaración metafísica del desastre al que conduce la coherencia de la razón instrumental. La tragedia sitia al Ser y el dolor se introduce en sus fibras más íntimas. Lo desmesurado no puede nombrarse, y si uno intenta hacerlo, la razón, encerrándose sobre sí misma, se confunde y enloquece. La tragedia no puede ser vivida y mucho menos manipulada, ni dominada, pues domina todas las perspectivas, bloquea todas las vías de escape, demuele todos los instrumentos de salvación. Esto es lo que le sucede a Job y se trata de un obstáculo realmente difícil de superar. Un obstáculo que se renueva incesantemente en la historia, exasperado por el presente: ¿cómo creer en la razón después de Auschwitz e Hiroshima? ¿Cómo continuar siendo comunista después de Stalin?
Antonio Negri, Job: la fuerza del esclavo, Paidós, Buenos Aires, 2003, p.33


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